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Lunes 27 de Abril de 2015. - HISTORIA Nº 43 (Edición bimestral)
“LA LIBRETITA”

Hola Notis!, ¿Como están?,Espero que estén bien preparados y listos para otro mes lleno de aciertos. No te pierdas esta oportunidad de ganar con los datos que te voy dejando, por que sino me seguís estoy seguro que después vas a decir "!Y yo que lo vi en Noti y me lo perdí por no jugarlo!".

Y tampoco te pierdas la siguiente historia que como siempre es más que atrapante.



-A ver… Cuente de nuevo don Vicente, para que lo escuchen mis ayudantes.

El comisario, haciendo un esfuerzo por aguantar la risa, le pasaba un mate a Rodríguez, su primer ayudante que recién llegaba de su ronda, mientras le pedía al viejito que vuelva a relatar lo que le había acontecido. Una historia como esa tenía que compartirla…

—Está bien, señor comisario. Esto pasó anoche, cuando me estaba por acostar. Como siempre, estaba por regar mis plantitas, cuando vi esa luz gigante flotando arriba de mi patio.

—Siga… siga —decía el comisario, mientras se acomodaba mejor en su asiento, tratando de ubicarse a espaldas del viejito, y así poder reírse a sus anchas.

—Bueno. Después de un ratito, esa luz redonda fue bajando, y para mí eso era ni más ni menos que un plato volador. Igualito a como se ven en las películas.

En ese momento, el ayudante tosió, tratando de disimular que estaba más tentado que el comisario.

—Entonces. ¿Qué pasó con el plato volador? —preguntó el comisario, mientras susurraba al ayudante: “Acá viene lo mejor”.

—Entonces el plato volador bajó en el medio de mi patio, y me aplastó una azalea. Después se abrió una puertita, y bajaron unos tipos chiquitos que se me acercaron. El “Sultán” salió corriendo y ladrando, para mí se los quería comer, pero uno de los tipitos le tiró con un rayo que me lo dejó congelado al pobre perrito. Por suerte cuando se fueron se le pasó el efecto.

—¿Y qué más paso? —El segundo ayudante tuvo que salir de la oficina del comisario porque ya no se aguantaba más la risa.

—Yo estaba muy enojado, ¡imagínese! Primero me rompen la planta, después paralizaron a Sultán. Estaba que me salía de las casillas.

—Me imagino… —El comisario trataba de que el viejo siguiera hablando.

—Entonces, con toda la bronca encima, lo miré fijo al enanito ese. Y en ese momento sentí algo rarísimo, comisario. El petisito no hablaba, pero a mí me daba la sensación de que estaba apenado, y sentía como si me estuviera pidiendo disculpas. De repente, sentí una urgencia imperiosa por buscar algo donde escribir. Encontré esta libretita azul —dijo, mostrando una pequeña libreta con espirales— y me puse a escribir como loco. ¡Escribí en todas las hojas comisario! Como un poseído no podía dejar de escribir fechas y números. Una fecha, un número, otra fecha, otro número… así hasta llenar toda la libreta.
¡Fíjese, puse fechas de hasta dentro de diez años!
El marcianito me miró de nuevo, y entendí que me estaba regalando esa libreta, que yo mismo había escrito.
Finalmente, se subieron de nuevo al plato volador, y se fueron.


El comisario examinó la libreta con detenimiento, frunciendo el ceño para leer los números, y simulando interés. Luego se la devolvió al viejito.

—¿Y usted quiere hacer una denuncia porque los marcianos le rompieron la planta? —preguntó Rodríguez, con la cara roja de aguantar la risa.

—No. Yo vine a hacer la denuncia, porque corresponde a un buen ciudadano.

Luego de tomar la “denuncia” a don Vicente, el comisario lo tranquilizó diciéndole que le dejarían una consigna por unos días, por si a los marcianos se les ocurría aparecer de nuevo; y despidieron al pobre viejo, que se fue caminando lentamente con su bastón. Ya era muy tarde para estar despierto, ¡y le faltaba regar las plantas!

Cuando llegó a su casa, y antes de acostarse, prendió un rato la televisión. Entonces, abrió la libretita para tratar de entender qué eran esos raros números que había escrito. En cada hoja de la libreta, había anotado una serie de fechas, y al lado de cada una, un número.

Las fechas se extendían por más de diez años hacia adelante. Su corazón comenzó a latir con fuerza, cuando vio que el número al lado de la fecha del día, era justamente el que había salido a la quiniela. Lo estaba viendo en televisión, no había duda.

Pensó que era una coincidencia, pero por las dudas buscó el diario del día anterior, y se fijó el número que había salido. ¡También estaba en la libretita!

Ahora entendía la sensación que había tenido de que le estaban haciendo un regalo. Y entonces perdonó a los marcianitos por romper sus azaleas.

Al día siguiente, se acercó a la agencia y jugó el número de la libretita. Por supuesto que ganó, aunque la suma fue bastante modesta, ya que no apostó demasiado.

Luego de comprar una nueva azalea con la plata del premio, se dirigió nuevamente a su casa, con una sonrisa en el rostro.

Desde entonces, de vez en cuando iba a la agencia a jugar alguno de los números de la libretita. Siempre ganaba, y poco a poco fue mejorando su casa, a la que los años habían maltratado bastante. La jubilación no daba para tantos gastos, pero con la libreta tenía siempre un recurso que le ayudaba a pasar un poco mejor los años que le quedaban.

El comisario cumplió con lo de la consigna policial, aunque la misma duró sólo unos días. De todas maneras, el viejito ya no tenía necesidad de ella. Si volvían los marcianos, les agradecería con un abrazo afectuoso.

Al cabo de un par de meses, el comisario pasó por la puerta de la casa de don Vicente mientras el anciano regaba las plantas de la vereda:

—¿Cómo anda don Vicente? ¿No volvieron los marcianos esos, no? ¿Vió que la custodia que puse los asustó? Y hablando de otra cosa… Me han dicho que está teniendo mucha suerte a la quiniela.

—¡Ah, sí! ¡Es que estoy jugando los números de la libretita, y siempre salen! —dijo el anciano inocentemente.

—¡Ah! ¡Mire usted que suerte tiene! Bueno, lo dejo que tengo una comisaría que atender …

Cierta tarde, luego de regresar de la plaza, donde daba de comer a las palomas, encontró la puerta de calle abierta. Sintió que el corazón se le salía por la boca por el susto, y asomó la cabeza al interior antes de entrar.

Ya no había nadie. Pero toda su casa estaba revuelta, y le faltaban algunas cosas de valor. Le dolía más el desorden que los ladrones habían hecho, que aquello que se habían llevado. Le llevaría mucho tiempo volver a acomodar casa cosa en su sitio.

Entonces descubrió que entre las cosas que le habían robado, se encontraba la libretita azul. Lo lamentó por unos instantes. Pero enseguida se consoló. Por suerte él no estaba cuando entraron los ladrones. La cosa podría haber sido peor. Además, la libretita fue un lindo regalo mientras lo tuvo. Estaba agradecido con los marcianitos, pero lo cierto es que no necesitaba tanto para vivir. Se conformaba con su casita y sus plantas para ser feliz.

No pasó mucho tiempo antes de que el comisario sorprendiera a todo el pueblo, comprando la mansión de la colina; así como varios autos de lujo, y sirvientes… De la noche a la mañana había amasado una gran fortuna, y se dedicaba a gastarla a mansalva, derrochando el dinero a más no poder, y haciendo gran ostentación.

Debido a esto, no pocos se alegraron cuando de un día para el otro desapareció como si se lo hubiese tragado la Tierra.

El rumor que corría en el pueblo, decía que se lo habían llevado los marcianos. Algunos vieron luces sobre la mansión una noche, y esto le dió fuerza a esa versión. Sin embargo, muchos pensaban que seguramente el dinero que el comisario había obtenido era mal habido, y era posible que se hubiera fugado para no ser atrapado por la justicia. La mayoría creyó esto último.

El único que no estaba enterado de nada era don Vicente, quien regaba las plantas del jardín, cuando de repente se detuvo: Comenzó a ver que de las plantas emanaba una brillante luz, que las hacía ver esplendorosas. Jamás había visto su jardín tan extraordinariamente bello. Era como si todas las plantas poseyeran una luz propia que las embellecía. El jardín a pleno era un impacto para los sentidos, un placer que exigía ser disfrutado. Por eso, es que don Vicente simplemente se sentó a observar. A disfrutar completamente de esa vista tan maravillosa.

Entonces, por su mente pasó la imagen del comisario. Lo pudo observar malgastando el dinero, rodeado de lujos exagerados, y de todo tipo de vicios. Pero luego, pudo ver cómo el oficial era "castigado" por sus malas acciones. "Quien mal anda, mal acaba", pensó, y se dio cuenta de que el refrán se aplicaba a la perfección en esa ocasión.

Inmediatamente sintió un cosquilleo que pronto se convirtió en la misma sensación de cuando los marcianitos le regalaron la libreta. Sin decir nada, extendió las manos hacia adelante, con las palmas hacia arriba. Como caída del cielo, la libreta apareció en sus manos.

Vicente estaba muy sorprendido. Pero enseguida comprendió que sus “amiguitos” eran responsables de lo que había pasado.

Entonces miró hacia arriba, hizo un gesto de agradecimiento con la mano, y sonriendo se encaminó hacia el interior de su casa.



Y ya ven Notis,a veces hay cábalas que son tan especiales que están destinadas a traer suerte solo para algunas personas. Pero no es el caso de mis datos, que si los siguen estoy seguro que se convertirán en su mejor cábala para ganar ganar y ganar!.

Y ahora los dejo porque me voy corriendo a la agencia a jugar un numero porque siento que mi suerte esta iluminada.

¡Hasta la próxima, Notis!




Si te gustó la historia dale ME GUSTÓ, porque si no le das no acertás.

Hasta la próxima historia Notis!.


88 (Azul) - 92 (Bronca) - 93 (Misterio) - 62 (Perdida) - 40 (Marciano) - 33 (Lujo)

¡A personas de muy buen gusto les gustó la historia!
Hay personas que parece que esta historia no les gustó ...
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¡Nunca dejes que una vela se consuma entera!

NÚMERO: 31 (No falla, Notis)
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Historias cabuleras es un compendio de: Cábalas, amuletos, la suerte en el juego, historias reales, buena y mala suerte, trucos para ganar, alejar a la yeta, cómo ganar a la quiniela, cómo perder en todo y mucho más.
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