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Lunes 14 de Abril de 2014. - HISTORIA Nº 35 (Edición mensual)
“06:00 AM”

Hola Notis, ¿Como están?, Yo feliz de traerles aciertos todas las semanas. Y estas semanas que vienen les prometo que vamos por muchos mas!. ¿Que les parecería acertar cinco ternos en dos semanas? Si me seguiste con mis números ya sabés lo que se siente, así que no te los pierdas.

Y mientras que vas anotando con que números me vas a seguir, te invito a que leas otra muy interesante historia:



Me sentí un poco raro al despertar, algo desorientado, como si hubiera dormido demasiado poco, o como si el mundo a mi alrededor no fuera del todo palpable.

“06:00 AM”, marcaba el despertador, con sus grandes números rojos. Al mismo tiempo, se escuchaba la voz del locutor de la radio, que invitaba a despertar a los madrugadores: “¡Arriba! ¡Son las seis de la mañana, y es hora de levantarse!”. Enseguida comenzó a sonar un tema musical demasiado estridente que taladraba mis oídos, así que apagué el despertador, y traté de sentarme.

Sacudí la cabeza, e intenté despejar mis pensamientos. Debía terminar de despertar, para comenzar otro día de trabajo.

No pude recordar si desayuné siquiera. Mi estado de somnolencia era tal que algunos detalles escapaban a mi percepción. Lo cierto es que de repente eran más de las siete, me encontraba en el auto, viajando hacia mi trabajo, y no estaba muy seguro de cómo había llegado allí. Incluso no sabía por qué, pero hasta dudaba del lugar a donde iba. “Voy a tener que descansar mejor”, me dije.

Estacioné el auto, no sin dificultades, ya que el lugar donde suelo estacionar estaba ocupado por un enorme camión, así que tuve que dejar el auto más lejos que de costumbre. Me dispuse a caminar las tres cuadras hacia mi lugar laboral. Al fin y al cabo un poco de aire me haría bien para tratar de despabilarme.

En el camino, me encontré con la agencia de siempre y aproveché para jugar algunos numeritos para la nocturna:

—Poneme el que va a salir. —Bromeé con el agenciero.

—¡Qué lindo sería!, ¿No?. Digo… saber lo que va a salir. —Me dijo él, bostezando disimuladamente.

—¡Vamos!. —Le dije—. Vos sabés, pero no querés decirlo… ¡Mañana vengo a cobrar!

La charla me ayudó a despejarme un poco, y me sentía mejor. Me despedí del agenciero para ir al trabajo, no sin antes jugar al 32 y al 23. Venía siguiéndolos desde hace dos meses, y no quería dejarlos. Dicen que los números salen cuando los dejás.

Ese día parece haber estado destinado a durar muy poco en mi conciencia. Antes de que me diera cuenta, ya estaba de vuelta en casa. Era de noche, y estaba sentado mirando los sorteos, para ver si ganaba algo. Sin embargo la suerte me había sido esquiva. A la noche salieron el 31 y el 13. Me gustaron esos números, pero no hubiera cambiado por nada a los que venía siguiendo.

Pocas horas después ...

La sensación de haber dormido demasiado poco, era tan intensa como el día anterior. “06:00 AM”, marcaba el despertador, con sus brillantes números rojos.

Esta vez, el mismo locutor fue quien me obligó a apagar la radio, aún antes de que empiece la música: “¡Arriba! ¡Son las seis de la mañana, y es hora de levantarse!”.

Nuevamente, aunque me había prometido descansar mejor, enseguida se hicieron las siete, había pasado volando el tiempo, y me encontraba otra vez en el auto, viajando hacia mi lugar de trabajo. Esta vez me dije: “Definitivamente tengo que dormir más”, sabiendo que difícilmente cumpla mi promesa.

En mi lugar acostumbrado de estacionamiento volví a encontrar al camión, así que tuve que resignarme a buscar otra vez el sitio alejado.

De camino, volví a pasar por la agencia:

—Poneme el que va a salir. —Bromeé con el agenciero nuevamente, para ver si me respondía algo distinto.

—¡Qué lindo sería!, ¿No?. Digo… saber lo que va a salir. —Me dijo él, bostezando disimuladamente.

—¡Vamos!. —Le dije—. Vos sabés, pero no querés decirlo… ¡Mañana vengo a cobrar!

Entonces me di cuenta de que de alguna forma, no solamente la charla del día anterior se había repetido, sino que observando los detalles, era un día idéntico al de ayer. Hasta hacía la misma temperatura. Incluso creí recordar que las noticias en la televisión eran las mismas, lo cual era definitivamente extraño.

“¡Qué lindo sería!, ¿No?. Digo… saber lo que va a salir.”

La frase resonaba en mis oídos, como un recordatorio de que algo increíble estaba ocurriendo.

De repente, me acordé de una película que se llamaba “El día de la marmota”, donde el protagonista vivía siempre en el mismo día, y se me ocurrió que a mí me estaba pasando lo mismo. Eran muchas las coincidencias.

Entonces me decidí a seguir un impulso: Si el día era igual al anterior… ¿saldrían los mismos números?. Esta vez le jugué todo lo que traía al 31 y al 13. ¿Sería que el destino me daba la oportunidad de finalmente “saber” lo que iba a salir?. No eran mis números, pero tenía la seguridad de que iba a acertar. No podía desperdiciar esa enorme oportunidad que se me estaba ofreciendo.

No tuve que esperar mucho para volver a estar en casa, mirando los sorteos en televisión. El día pasó tan rápido como si no hubiera existido. El sorteo era un calco del que había visto ayer. ¡Todo era igual!.

Casi no me sorprendió cuando cantaron el 31 en Nacional y el 13 en Provincia. Es más, ¡lo esperaba con ansias!. Estuve a punto de dar un salto de alegría. Había ganado mucho dinero. Sin embargo, la situación me asustaba un poco… ¿Por qué me había pasado esto justamente a mí?. ¿Y si mañana me despierto otra vez en el mismo día? ¿Qué hago?

Dejé la boleta ganadora en la mesa de luz, e intenté, no sin algunas dificultades, conciliar el sueño.

Unas horas después ...

La ansiedad me despertó antes de las seis. El reloj marcaba las 5:57 AM. Eso era bueno. Todo lo diferente era bueno. Decidí esta vez levantarme enseguida. Lo primero que hice fue mirar hacia mi mesa de luz. ¡la boleta estaba ahí!.

Desayunar, cambiarme y salir al trabajo fueron tres actividades que duraron apenas unos segundos. Lo importante era llegar con la boleta a la agencia…

Al salir noté que llovía, y tuve ganas de llorar de alegría. ¡Era cierto!. ¡El destino me había permitido vivir un día dos veces, sólo para que yo supiera de antemano que número jugar a la quiniela!.

Llegué a mi lugar de estacionamiento, y estaba libre. ¡No había ningún camión!. Así que detuve el auto, y me bajé justo frente a la agencia.

Cuando comencé a recibir los billetes, no podía creer que fueran tantos. Sin embargo el agenciero seguía contando y poniendo, contando y poniendo… ¡Casi no me entraban en las manos!

Los billetes eran todos nuevitos. Ni una arruga tenían, se ve que venían directo del banco.

De pronto, vi que uno de ellos tenía una fea mancha. Intenté tocarlo con el dedo, para ver si podía borrarla, pero inmediatamente el billete se partió en dos pedazos. Pensando que había cometido una torpeza, traté de emparejarlo, pero entonces me di cuenta de que los demás billetes también se estaban rompiendo. De hecho, se estaban deshaciendo poco a poco. Como si se convirtieran en ceniza. ¡Era angustiante! ¡Todo ese dinero, literalmente se estaba escurriendo entre mis dedos!.

Intenté por todos los medios retenerlos en mis manos, pero continuaban deshaciéndose. Noté entonces que estaba apretando con fuerza los párpados. Sin entender muy bien lo que estaba pasando, me obligué a abrir nuevamente los ojos, para encontrarme con unos números rojos muy brillantes: “06:00 AM”, decía el reloj de mi mesa de luz, mientras un locutor anunciaba que era hora de levantarse.

Obligados por una fuerza invisible, los músculos de mi cuerpo intentaban resistirse a tener que ponerse en funcionamiento. Pero tenía que ir a trabajar…

¡Entonces había sido un sueño!. ¡Qué lástima, tanto dinero!. Durante unos instantes, me detuve a repasar el extraño sueño que había tenido. Tal vez debiera ir a jugar al 13 y al 31. ¡A lo mejor salen!

Luego me reí de mí mismo, y terminé de levantarme. No tenía muchas ganas, sobre todo luego de haber “perdido” tanta plata, pero tenía que ir a trabajar.

Cuando iba manejando hacia el trabajo, caí en la cuenta de que mi sueño tenía que ser una suerte de premonición. ¡Si hasta me había dado los números que debía jugar!.

Ahora no tenía ninguna duda de estar despierto, así que cuando entré a la agencia, sabía que esta vez la cosa era real. Repartí todo lo que traía en los bolsillos al 13 y al 31. Me sentía muy contento, porque esta vez estaba seguro de acertar. Me pasé toda la tarde planeando lo que haría con las ganancias, que serían substanciosas. Tenía muchas ideas de cómo gastarme toda esa plata.

Luego de mucho esperar, al fin llegó la noche, y me encontró pegado al televisor, mirando los sorteos. No quería perderme el momento en que mis dos números hicieran su gloriosa aparición. Ni siquiera cené, ya que estaba muy ansioso por no perderme el gran momento. Tenía todas las de ganar, mi premonición era sencillamente exacta.

Finalmente, por supuesto, salieron el 32 y el 23.



Y ya ven Notis, a veces cuando pensamos que ya tenemos todo controlado la suerte nos juega una mala pasada, los números salen cuando los dejamos de jugar ...

Así que a no dormirse, ésta es tu hora de ganar y si me hacés caso con mis datos, después sólo te quedará festejar.

¡Hasta la próxima, Notis!




Si te gustó la historia dale ME GUSTÓ, porque si no le das no acertás.

Hasta la próxima historia Notis!.


91 (Reloj) - 04 (Camión) - 21 (Destino) - 69 (Boleta) - 98 (Alarma) - 24 (Estacionamiento)

¡A personas de muy buen gusto les gustó la historia!
Hay personas que parece que esta historia no les gustó ...
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¡Que en tu casa no falte un ramo de espigas!

NÚMERO: 50 (No falla, Notis)
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Historias cabuleras es un compendio de: Cábalas, amuletos, la suerte en el juego, historias reales, buena y mala suerte, trucos para ganar, alejar a la yeta, cómo ganar a la quiniela, cómo perder en todo y mucho más.
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