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Lunes 15 de Septiembre de 2014. - HISTORIA Nº 39 (Edición mensual)
“La carta del tío abuelo”

Hola Notis!, ¿Como están?, Me imagino que siguieron mis números así que están festejando por haber acertado varios ambos y hasta ternos estas ultimas semanas. Estoy seguro que la suerte seguirá con ustedes, salvo que les pase como a Rodrigo nuestro protagonista de la siguiente historia:



El día en que nació Rodrigo, las parteras estaban de huelga. Seguramente era la persona con la suerte más desfavorable en el mundo.

Nunca había ganado en ningún juego de azar. Había probado de todo: quinielas, juegos poceados, juegos de naipes, dados, ruleta. Perdía hasta en la lotería familiar jugando por porotos.

Acudió a todo tipo de curanderas, magos e incluso a un hechicero mapuche, para que de alguna manera le quiten la mala suerte. Además se cuidaba más que nadie de no pasar debajo de las escaleras, cruzarse con gatos negros o de salir en día trece. Sin embargo, pese a todas las precauciones y aunque portaba infinidad de amuletos, todo lo que hacía le salía al revés de lo esperado. Siempre que la suerte estaba involucrada, el resultado era adverso.

Incluso intentaba engañar a la mala racha. Por ejemplo, preparaba todas las cábalas para jugar un número, y después lo cambiaba (no salía ninguno de los dos). Incluso una vez quiso jugar a los cien números. Perdería dinero, pero tendría que ganar indefectiblemente. Pero ese día la agencia estaba cerrada, y cuando llegó a la próxima más cercana, ya había arrancado el sorteo y no había tiempo para jugar.

Así, a los tumbos, andaba nuestro amigo por la vida, pifiando siempre.

Cierta mañana mientras caminaba por la calle, una distracción hizo que no tuviera tiempo de evitar a un gato negro que se atravesó en su camino.

Inmediatamente se le erizaron los pelos de la nuca, y comenzó a temer lo peor. Por las dudas, metió las manos en los bolsillos, y acarició algunos de los talismanes que llevaba allí, aunque bien sabía que no había nada que hacer ante esa situación tan nefasta. Si a alguien "normal", un gato negro le trae mala suerte, ya se imaginaba lo que podría sucederle al tipo con más mala suerte en el mundo.

Llegó a su casa caminando con muchísima cautela. Estaba al acecho de cualquier cosa. No sabía de dónde vendría el golpe.

Sin embargo, logró entrar a su hogar sin que le pase nada malo. Al abrir, encontró un sobre que el cartero había pasado bajo la puerta. Pensó que alguna compañía de servicios querría otra vez cobrarle algún impuesto desmesurado, debido a algún error de facturación que sólo lo afectó a él.

Pero no. Era una carta común y corriente, o casi. Lo único llamativo es que provenía del sur del país. Él no recordaba conocer a nadie que viviera por allí.

La había escrito un abogado. La carta hacía referencia a un pariente lejano que él ya no recordaba. Un tío-abuelo o algo así. El asunto es que el pobre hombre había fallecido, y luego de las palabras de pésame de rigor, el doctor le informaba que el anciano había dejado una herencia, y que le correspondía a él, por ser su único pariente vivo.

Casi se cae de espaldas de la sorpresa. Acostumbrado a desconfiar de su mala suerte, llegó a pensar que la carta era una broma de mal gusto, o tal vez haya sido enviada por delincuentes que pretendían secuestrarlo. Sin embargo, cotejó los datos que dejó el abogado, y todo parecía estar en orden. La carta era auténtica.

Por ser la primera vez que le pasaba algo afortunado, era más de lo que podía pedir. ¡Una herencia!

Enseguida comenzó los preparativos para el viaje. Tenía que presentarse en el estudio de abogados para realizar los trámites pertinentes.

Sin embargo, para un hombre como él, viajar tan lejos no era cosa fácil. Dada su crónica mala fortuna, debía tomar muchos recaudos. Cualquier cosa podía fallar, así que intentó tener siempre soluciones alternativas para todo.

Decidió viajar en tren. Era más lento que en avión, pero la última vez que estuvo en un aeroplano, el mismo sufrió una emergencia, tuvo que volver al aeropuerto de partida, y aterrizó casi sin combustible. Definitivamente se sentía mucho mejor si sus pies tocaban la tierra.

Preparó un bolso con las cosas elementales, y uno de mano donde llevaba su colección de amuletos para alejar la mala suerte en el viaje. Tenía de todo y para todos los gustos.

Cuando llegó a la estación, el taxi que lo trasladaba se quedó sin frenos, y paró casi arriba de la vereda. Salió corriendo porque llegaba tarde a abordar el tren, y lo alcanzó con lo justo, para darse cuenta instantes después de que había dejado su pequeño bolso con los amuletos en el asiento del taxi.

Se sentía completamente desprotegido y vulnerable. Estuvo a punto de pedir que detengan el tren para bajarse, pero le dio vergüenza. Debía afrontar la situación con valentía.

Con sumo cuidado, se acomodó en el asiento, observando primero que no esté dañado de alguna forma (siempre le pasaba), pero descubrió con satisfacción que el asiento era igual a todos los demás. Con cierta tranquilidad entonces se arrellanó, buscando adormecerse para que el viaje pase lo más rápido posible.

Despertó cuando el guarda anunció su estación. Había dormido varias horas, y lo más increíble es que nadie le había robado el equipaje. Ni siquiera unos niños le dibujaron la cara con marcadores, como la última vez. Fue el viaje más placentero que tuvo en años. Tal vez por fin su suerte estaba cambiando.

Cuando descendió del tren, todavía se sentía un poco adormecido. Seguramente por eso es que no se dio cuenta, y pasó por debajo de una escalera abierta, que un operario de mantenimiento estaba utilizando en el andén. "¡Justo cuando me estaba yendo bien!", pensó.

Un poco asustado ya, continuó caminando, dirigiéndose al estudio del abogado. Por la calle le pasó de todo: Otro gato negro se cruzó por delante de su paso. Tratando de esquivarlo, tropezó con una señora que traía un pequeño espejo y estaba retocando su maquillaje mientras caminaba. El espejo se hizo trizas. Unos pasos más adelante, todavía preocupado por lo del espejo, no vio a un empleado de un supermercado que bajaba mercadería de un camión, y se lo llevó por delante, provocando que se le cayera una caja conteniendo paquetes de sal, que se desparramó por el piso.

Se deshizo en disculpas para todo el mundo, y continuó caminando con la cabeza gacha, con una tremenda vergüenza por ser tan torpe, y enormemente preocupado por todo lo que le estaba aconteciendo. Como venía la cosa, seguramente cuando llegara al estudio lo iban a estar esperando para torturarlo, asesinarlo, o ambas cosas.

Tocó el timbre con mucho miedo. Pero ya había viajado hasta ahí, ahora no volvería atrás.

Un empleado le abrió la puerta, y tras presentarse lo hizo pasar. Se sentó a esperar que lo atiendan en una pequeña sala, donde había otras personas aguardando también para consultar al abogado.

Casi enseguida cruzó miradas con una chica muy bonita que estaba sentada frente a él. Le sonrió, y sorprendentemente la chica hizo lo mismo (siempre le pasaba que lo miraban con cara de pocos amigos). Al poco rato estaban charlando animadamente. Ella se llamaba Alicia, era la secretaria de otro abogado, y estaba allí por unos trámites.

Al momento de despedirse, ella pasó a su lado, y dándole un beso en la mejilla puso un papelito en su mano mientras susurraba a su oído: "Llamame".

Pocos instantes después fue llamado por el asistente para pasar al despacho.

El abogado no perdió mucho tiempo con él. Simplemente le hizo firmar unos papeles, y sin más, le entregó una caja. Le dijo que ahí estaba su herencia, y lo despidió amable pero rápidamente.

A Rodrigo no le importó demasiado el abogado. Estaba todavía alucinado con lo que había sucedido con la chica en la sala de espera. Buscó en sus bolsillos el papel con el teléfono, y comprobó que no había estado soñando. Pese a todo lo que le ocurrió antes de llegar al estudio, luego las cosas cambiaron y se convirtió en el mejor día de su vida. ¡Y tenía en sus manos la herencia del tío-abuelo!

Entró a un bar, y puso la caja sobre la mesa. Estaba intrigado acerca del contenido. La abrió, y se encontró con una carpeta conteniendo varios papeles. La primera hoja era una carta, redactada de puño y letra:


Querido Sobrino-nieto:

Vos no me conocés, pero yo sí te recuerdo. Sos el único pariente que me queda, y como seguramente muy pronto me voy a ir de este mundo, he decidido nombrarte en mi testamento como heredero de mis bienes.

No es gran cosa, en verdad. Solamente una casita, en la que viví estos últimos años, y un secreto que creo te será mucho más útil que cualquier otra cosa que pueda dejarte.

Estoy seguro de que a lo largo de tu vida has notado que la mala suerte parece perseguirte. Todo te sale mal, y por más que intentes contrarrestarla, la mala fortuna siempre te alcanza.

Bien. A mí me pasaba lo mismo. Creo que es una maldición familiar, porque también lo padecieron mi abuelo, y su padre, hasta donde sé.

Sin embargo, lo que nos pasa no es mala suerte. Es suerte inversa. Seguro me dirás que no hay diferencia entre ambos términos. Pero sí que la hay.

Lo que sucede es que las cosas que a la mayoría de la gente le traen suerte, a nosotros nos produce el efecto contrario. Por eso es que mientras más trates de evitarla, más fuerte la desgracia te atacará.

Sin embargo, lo que no sabés es que también funciona al revés. Es decir, aquellas cosas que al resto de la gente le traen mala suerte, a nosotros nos benefician.

En este punto, Rodrigo recordó que cuando se le cruzó el primer gato negro recibió la carta de la herencia. Y luego, con todo lo que le pasó llegando al estudio, conoció a Alicia.

En mi casa encontrarás todo tipo de "amuletos" de los que realmente funcionan para nosotros. (El gato negro se llama Lucifer, cuidalo por favor). Encontrarás frascos de sal para derramar por donde quieras, sombreros sobre la cama, algunas escaleras abiertas en los pasillos, e incluso mi habitación está pintada de amarillo. Te recomiendo colocar la cama junto a la pared derecha. Además de tener más luz, indefectiblemente deberás bajar de ella por el lado izquierdo.

Espero que seas feliz a partir de esta revelación. Un gran abrazo.

Tu Tío-abuelo.

Un año después, se había establecido definitivamente en la casa del tío-abuelo. Era un sitio grande, con amplias comodidades. A Alicia también le encantaba. Ellos se habían casado dos meses antes, (un martes 13), y se mudaron juntos a la casa que Rodrigo había heredado.

Por supuesto que él vio a la novia con su vestido antes de la boda, y entró a la iglesia con el pie izquierdo. Había adoptado esa costumbre luego de leer la carta, cuando acudió a una agencia del lugar y entró con ese pie, para probar el "secreto" del tío-abuelo.

La pequeña fortuna que ganó, le dio la suficiente confianza en sí mismo como para buscar en sus bolsillos el número de Alicia y de paso comenzar una nueva vida, esta vez, con verdadera suerte.



Y ya ven Notis, lo que puede ser de mucha suerte para algunos, se transforma en mala fortuna para otros. El secreto está en encontrar ese amuleto que nos traiga la suerte que necesitamos que puede o no ser el mismo que les sirva a los demás. Algo les aseguro, yo les traigo suerte a todos!, y sino me creen, miren mis aciertos y lo comprobarán!.

Ahora los dejo notis, tengo que ir corriendo a la agencia con mis nuevos números esos si que no fallan!

¡Hasta la próxima, Notis!




Si te gustó la historia dale ME GUSTÓ, porque si no le das no acertás.

Hasta la próxima historia Notis!.


20 (Partera) - 14 (Abogado) - 72 (Timbre) - 68 (Sobrino) - 39 (Secreto) - 15 (Espejo)

¡A personas de muy buen gusto les gustó la historia!
Hay personas que parece que esta historia no les gustó ...
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