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Lunes 17 de Noviembre de 2014. - HISTORIA Nº 41 (Edición mensual)
“Pinocho”

Hola Notis!, ¿Como están?, Yo festejando porque las últimas semanas fueron gloriosas por la cantidad de aciertos ambos y ternos que tuve con los números que les dejo. No me canso de dejarles los mejores datos, las mejores cábalas semanales y por supuesto las mejores historias cabuleras de toda la web. Y hablando de historias los invito a que lean la siguiente porque como siempre no se van arrepentir.



Tengo un trabajo muy peculiar. Me ocupo en una agencia de detectives del juego. Me explico: Los casinos me contratan para que busque y analice los posibles casos de fraudes en las casas de azar. Mi trabajo principalmente consiste en observar una y otra vez los videos de seguridad, y buscar actitudes sospechosas. Especialmente de quienes ganan. Si encuentro algo, paso al trabajo de campo: me apersono en el casino correspondiente, y trato de atrapar al bribón con "las manos en la masa".

Descubrí a "Gepetto" por casualidad. Era italiano, y siempre acudía al casino llevando en sus manos un muñeco. (Por eso lo apodamos así). La gente utiliza las cábalas más extrañas imaginables. Llevan a los casinos todo tipo de elementos que atraigan la suerte, desde una variadísima colección de amuletos hasta incluso pequeños animales.

Por eso no era algo tan sorprendente que alguien lleve un títere. Sin embargo, lo que me llamó la atención fue verlo en diferentes casinos, en distintas partes del mundo.

Se sentaba siempre con el muñeco sobre sus rodillas, como hacen los ventrílocuos. Entonces empezaba su "acto": literalmente conversaba con la marioneta, señalando las casillas del paño. Cuando el crupier estaba a punto de cantar el "No va más", el monigote le señalaba un número, y entonces el tipo apostaba.

A mi parecer, se trataba de una brillante maniobra de distracción. Todo el mundo estaba pendiente del muñeco, por lo que nadie prestaba atención al tipo, quien podía entonces ejercer su "arte" (fuese cual fuese, ya lo averiguaría), con total tranquilidad.

Geppeto era un tipo muy inteligente. Cambiaba constantemente de casinos, y viajaba con mucha frecuencia, lo que hacía mucho más difícil su detección.

No obstante, las cámaras de seguridad de medio continente lo tenían registrado. Y ganaba. Siempre ganaba. No era millonario, pero tenía la holgura necesaria para poder viajar, apostando en muchos casinos alrededor del mundo.

Estuve tres meses tras la pista de "Gepetto". Finalmente, a partir de su imagen y con la colaboración de la policía italiana, logramos encontrar su identidad: "Franchesco", era su verdadero nombre, y se trataba de un ciudadano común y corriente. No tenía ningún tipo de antecedentes policiales, y había trabajado en una fábrica de muñecos en su país, hasta que un día sencillamente dejó de concurrir a su trabajo. Días después comenzó su carrera "migratoria", entre los casinos más importantes del mundo. Una historia sorprendente, para una persona ordinaria.

A partir de su nombre, consultando con las aerolíneas, logramos rastrear su periplo alrededor del mundo, y lo más importante: ahora podríamos saber su próximo destino, en cuanto compre su pasaje.

Así fue que me tocó viajar a París, al casino "Nouveau".

Lo encontré junto a una de las mesas de ruleta, sentado con su muñeco en las piernas. El hombre vestía muy bien. Su impecable traje negro hacía juego con el que le había colocado al muñeco, que parecía una miniatura de él mismo. Incluso los rasgos del monigote eran similares a los de su dueño. Cualquiera diría que era un apostador muy pintoresco. Pero yo sabía que esa apariencia, así como su inocente actitud eran una pantalla magistralmente armada para despistar a cualquiera que pudiera sospechar de él.

Me acerqué con cautela, tratando de no incomodarlo. Necesitaba observarlo de cerca para poder apreciar cualquier movimiento extraño.

El crupier ya había arrojado la bolilla, que giraba rápidamente en la rueda. "Gepetto" entonces comenzó a "hablar" animadamente con su muñeco. (Debo admitir que era un excelente ventrílocuo, no pude ver que moviera los labios).

Luego de unos instantes de aparente discusión acerca de los números, la marioneta apuntó a una de las casillas, y el tipo se apresuró a colocar las fichas allí, poco antes de que el crupier gritara el consabido "¡No va más!"

Puse todos mis sentidos en alerta, pero no pude observar nada extraño. Gepetto no se había movido en absoluto luego de colocar las fichas. Casi podría dudar de que estuviera respirando.

La ruleta marcó el 12 rojo, exactamente el que el tipo había apostado. En silencio retiró sus ganancias, y decidió apostar algunas fichas nuevamente.

Otra vez inició la conversación con "Pinocho" (Me pareció apropiado colocarle un nombre al muñeco, después de todo Gepetto lo trataba como a un hijo).

En un momento, casi soy descubierto observándolo demasiado fijamente, pero afortunadamente logré pasar desapercibido. Aproveché la ocasión para ubicarme a su lado, simulando querer apostar en su mesa. El tipo me miró un instante, pero siguió con lo suyo.

Cuando finalmente apostó, decidí jugarme una carta peligrosa: Puse rápidamente una ficha en el mismo número que él. Así logré que me observara más detenidamente. Había logrado llamar su atención.

En su mirada vi algo de desconcierto, pero no había culpa, ni parecía ocultar nada. O era un verdadero especialista, o era totalmente inocente. Pero no podía creer que esto último fuera cierto.

La ruleta dio su veredicto, y por supuesto, nuestro amigo volvió a ganar. Adicionalmente, yo también obtuve algo de ganancia, y por unos instantes estuve tentado a continuar apostando como él. Podría hacer una buena fortuna. Después de todo formaba parte de la investigación.

Esperé nuevamente a que apostara, y volví a copiar su jugada. Ahora le tocó el turno al 32 rojo.

Esta vez Gepetto pareció no percatarse de mi accionar. Sin embargo, a continuación pasó algo extraordinario: El muñeco giró su cabeza directamente hacia mí. Disimuladamente eché una mirada, y descubrí que los inanimados ojos parecían estar mirándome fijamente. Aunque parezca increíble, su semblante parecía tener una expresión de "pocos amigos". Incluso me sentí culpable, y tuve que dejar de observar ese rostro en miniatura.

Finalmente la ruleta dejó de girar, y el crupier, sorprendido casi tanto como yo, cantó el "20 negro". No pude dejar de observar a Gepetto con cierta admiración. De alguna manera el tipo había sospechado de mí, y deliberadamente había fallado, para no levantar sospechas.

Era el momento de retirarme silenciosamente. No había podido sorprenderlo, pero ya tendría otras ocasiones. El mío era un trabajo de paciencia.

Seguí al sospechoso durante dos meses más. Sin embargo algo había cambiado. El "acto" era el mismo. Continuaba dialogando con su muñeco como si fuera otra persona, apostaba lo que el títere indicaba. pero perdía. En los últimos dos meses, no había ganado una sola vez.

Me pregunté si todavía continuaba su maniobra de distracción, o si su "método" había dejado de funcionar. Las incógnitas me tenían obsesionado. Muchas preguntas no me dejaban dormir: ¿Cómo hacía para ganar? ¿Por qué no había acertado nada en estos dos meses? ¿Hasta cuándo continuaría sin acertar?

Tiempo después me encontré en Italia. Gepetto había viajado allí, posiblemente con sus últimas reservas. Había volado en clase turista, (ya no en primera clase).

Lo seguí durante un tiempo más, hasta que ya no apareció en las cámaras del casino. Había perdido sistemáticamente, día a día. Su aspecto también se había visto desmejorado, y me enteré por los empleados del casino que ya no le permitían el ingreso, debido a que su apariencia era poco apropiada, y se notaba que necesitaba asearse.

No me fue difícil dar con él por las calles aledañas al casino. Estaba sentado sobre una caja de madera. Sus ropas otrora elegantes estaban sucias, y rotas en varios sitios. Llevaba varios días sin afeitarse, y presentaba algunos golpes en su rostro. Seguramente habían querido asaltarlo. Otro tanto ocurría con su muñeco, que parecía copiar el aspecto de su dueño al detalle.

Poco a poco me acerqué a él. Necesitaba hablarle. Quería respuestas. Pensaba preguntarle lo que le había pasado. ¿Por qué ya no ganaba más? Y lo más importante: ¿Cuál era el verdadero método que había estado utilizando para acertar?

Me paré junto a él, y no pareció percatarse de mi presencia. Sin embargo alguien sí me observó detenidamente: El muñeco sobre sus piernas.

Me ponía nervioso su mirada sin vida. Especialmente porque parecía justo lo contrario. La vitalidad que reflejaba el rostro del títere, contrastaba con el semblante de muerto-vivo que presentaba el hombre. Este último, apenas se movió para mirarme. Parecía agotado.

Sin embargo, al verme, tanto su rostro como el del muñeco cambiaron repentinamente. Había terror en aquellos ojos.

Traté de calmarlo enseñando mis manos con las palmas hacia arriba, indicando de esta manera que no pensaba hacerle daño, pero la expresión de terror no se borró de su rostro.

Entonces fue el muñeco el que habló, y he de decir que su expresión era tan legítima, que parecía en verdad tener vida propia.

-"iettatore!" -gritó el monigote señalando hacia mí. -Attenzione il iettatore!

Acto seguido, el hombre se puso en pie con dificultad, para salir corriendo con su muñeco bajo el brazo. No tuve fuerzas para perseguirlo, y nunca volví a verlo. La impresión que el muñeco había causado en mí era demasiado fuerte. Hasta ese momento, nunca lo había pensado seriamente, pero la acusación me había calado muy hondo. Recordé muchas instancias de mi vida en las cuales podría considerarse que mi presencia trajo mala suerte. Ya desde chico, cuando ninguno de mis compañeros quería elegirme para sus equipos, porque siempre perdíamos. O cuando nos colábamos en el tren y siempre nos agarraba el inspector... O cuando, ya un poco más grande, muchas personas me rehuían sin razón aparente. ¡Era que les traía mala suerte!

Tenía razón ese muñeco. ¡Gepetto había dejado de acertar luego de encontrarse conmigo!



Y ya ven Notis, la mala suerte puede hacernos caer en una gran desdicha, por eso mismo ustedes no dejen de seguirme, porque seguir mis números es su mejor cábala para ganar y ganar!.

Y ahora me voy corriendo a la agencia a jugar un super pálpito que tengo... Eso sí, espero no cruzarme con ningún jettatore en el camino!!.

¡Hasta la próxima, Notis!




Si te gustó la historia dale ME GUSTÓ, porque si no le das no acertás.

Hasta la próxima historia Notis!.


19 (Títere) - 70 (París) - 27 (Fichas) - 22 (Trampa) - 90 (Miedo) - 00 (Ojos)

¡A personas de muy buen gusto les gustó la historia!
Hay personas que parece que esta historia no les gustó ...
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¡Que tu suerte pegue un salto con tu sapito de jardín!

NÚMERO: 80 (No falla, Notis)
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