

![]()
Todos los derechos de la presente publicación, denominada "Historias Cabuleras", están reservados. Cualquier reproducción total o parcial de esta página o de su contenido resultará en una infracción a los mismos, y originará las correspondientes acciones legales.
Asimismo, Notitimba (®) Punto Com no se responsabiliza por el contenido de la misma. Lunes 6 de Mayo de 2013. - HISTORIA Nº 24 (Edición mensual)
Los ladrones.
¡Hola Notis! Como están? Yo estoy haciendo cuentas, de todos los números que publiqué en el mes pasado tuve muchísimos aciertos. Además muchos de ellos varias veces por la cantidad de repeticiones que tuvimos estos días en la quiniela. Espero les haya dado alguna alegría con algún acierto. Yo les recomiendo que sigan mis números, porque la
suerte muchas veces actúa de forma tan misteriosa, la podés tener ahí delante tuyo y no darte cuenta... Hablando de eso en la semana me encontré con un amigo que me contó la siguiente historia...
- Vamos a entrar por ahí - Dijo "El chino", mientras "El Indio" lo escuchaba ansioso. - El tipo sale todos los días a la misma hora. En la casa no queda nadie, así que va a ser fácil entrar. Además el tipo trabaja todo el día, y la mujer también, así que tenemos tiempo. Nos venimos con la chata y cargamos todo.
- ¿Y si viene alguien?
- Les decimos que somos los albañiles que venimos a trabajar acá. Nadie va a saber nada.
Esta conversación tenía lugar a pocos metros de la casa de Hernán, un muchacho de unos 40 años que pasaba gran parte de su vida trabajando en una fábrica, y que había ahorrado pesito por pesito para comprar aquella casa en
Villa Lugano.
Mientras estos delincuentes de poca monta planeaban su asalto más arriesgado, tratando de dejar de ser simples rateros, Hernán volvía de su trabajo con un gran cansancio a cuestas. Como todos los días, pasó por la agencia de quiniela que le quedaba de camino a casa, y se jugó un numerito, tras comprobar que nada había acertado el día anterior. De hecho, nunca acertó un número, pero él seguía jugando porque pensaba que jugar a la quiniela era como comprar una pequeña ilusión todos los días. Algún día se le iba a dar. y disfrutaría más el acierto que el dinero.
Al llegar a la casa, se encontró con su mujer, Mónica, que acababa de llegar. Hernán y Mónica no tenían chicos, esto era en parte porque estaban recién casados, y además porque la gran cantidad de horas que cada uno trabajaba diariamente les impediría cuidar a un nene como se debe.
Le dio un beso a su mujer y le preguntó sobre su día, a lo que ella respondió contándole una anécdota muy graciosa que le sucedió a una de sus compañeras de trabajo. Ambos rieron con ganas, y luego se dispusieron a cenar, para finalizar el día temprano. Al día siguiente debían madrugar nuevamente.
- ¿La mujer ya salió? -Preguntó "El Indio".
- Sí, yo la vi. Ahí va el tipo también. - Señaló "El chino", mientras Hernán, ignorante de estar siendo vigilado, tranquilamente cerraba la puerta de su casa para irse a trabajar.
- Esta tarde entramos. - dijo "El chino", mientras veía cómo su inocente víctima se alejaba pensando en vaya uno a saber qué.
Mientras tanto, Hernán, sin saber muy bien por qué, estaba pensando en su suerte, o más bien en la falta de ella. Todos los días jugaba a la quiniela, y nunca acertaba nada. ¿Sería que es un tipo sin suerte?. A lo mejor debía dejar de jugar y dedicar ese dinero a otra cosa. Después de todo no les sobraba la plata como para malgastarla.
Horas después, la puerta del jardín de su casa estaba siendo violentada por los malvivientes, quienes ingresando por allí, se disponían a desvalijar lo poco que Hernán y Mónica tenían.
Sin embargo, esa tarde sería un poco distinta a lo habitual. En la fábrica había un festejo por el cumpleaños del dueño, y luego de invitar a todos los empleados con un aperitivo, los dejaron salir temprano. Hernán, sorprendido
por la noticia, no había tenido tiempo de avisarle a Mónica, así que se dirigía hacia su casa tratando de imaginarse en qué se entretendría hasta que ella llegue. Decidió comprar algo de comida, y darle la sorpresa a Mónica cocinando él esa noche.
En el camino a su casa, pasó nuevamente por la agencia de quiniela, y automáticamente repitió el ritual de todos los días: "no hay aciertos, jugar de nuevo". Pero en el local de la agencia se encontró con Juan, un amigo que hacía tiempo no veía.
Luego de las consabidas preguntas de rigor ("¿Cómo andás tanto tiempo?..."¿En qué andás?"..."¿Estás trabajando?"), Hernán se enteró de que su amigo se había integrado a la fuerza policial.
- ¡Qué bueno tener un amigo policía en estos tiempos! - Bromeó Hernán.
- ¡Ja, ja, ja!. Igual no te creas que te voy a sacar de adentro si te portás mal!. ¡Ja ja ja!.
Risa va, risa viene, Hernán terminó invitando a Juan a su casa, para pasar el rato mientras esperaba a su mujer, y de paso conversar sobre bueyes perdidos.
Al "Indio" casi se le salen los ojos de las órbitas cuando por la ventana de la casa vio no sólo que el dueño de casa estaba volviendo, ¡Además venía acompañado de un conocido policía de la zona!.
- ¡Escondete "Chino", que viene el dueño con la cana!.
Los inexpertos delincuentes apenas tuvieron tiempo de esconderse antes de que Hernán abriera la puerta. Los dos amigos venían conversando y riendo:
- ¡Así que ahora te dedicás a jugar a la quiniela!, - decía Juan.
- No. - replicó Hernán con un poco de vergüenza. - Es un pasatiempo nada más. Aparte estoy pensando en dejar de jugar porque nunca tengo suerte.
- ¡Pero vos sos un tipo con suerte!. Tenés una linda casa, una linda mujer, un buen trabajo. -
- ¡Explicáselo a la lotería!, rió Hernán.
Mientras tanto, Hernán había hecho sentar a su amigo en el sillón. Juan era un tipo bastante corpulento, y el sillón se hundió considerablemente bajo su peso, aplastando bastante las costillas del "Indio" que gracias a ser bastante delgadito había logrado escabullirse en ese lugar.
Luego, sin dejar de conversar, Hernán había puesto a calentar un poco de agua, para cebar unos mates.
- Me parece que vos te quejás de lleno. - Estaba diciendo Juan. -Los tipos como vos tienen mucha suerte en la vida, pero se quejan si no ganan la quiniela.
Mientras tanto, el "Chino", que se había escondido debajo de la mesada tras una cortinita que había allí, estaba recibiendo en la cara toda la yerba vieja y mojada que Hernán estaba arrojando dentro del cesto de basura que estaba ubicado en ese lugar.
- Lo que pasa es que yo me tiro de cabeza en un pajar, ¡y seguro que me clavo la aguja!. - Replicaba Hernán.
El "Indio" ya no aguantaba el peso de Juan, y estaba tratando de estirarse para hacerse más delgado de alguna manera. En eso el policía dobló una de sus rodillas, apoyando su pie un poco más atrás, y de esta manera pisó los dedos del delincuente que apenas asomaban por debajo del sillón.
El "Chino" no la estaba pasando mejor: El pequeño y oscuro espacio donde se había metido estaba lleno de mosquitos, y ya no aguantaba las ganas de rascarse.
En eso, el oficial se puso de pie, mientras seguía hablando con Hernán, y con todo su peso sobre su talón, aplastó considerablemente el dedo del "Indio", quien no pudo reprimir un quejido.
Al escucharlo, ambos amigos se pusieron alertas, y Juan, automáticamente por su entrenamiento preparó su arma. Fue cosa de unos segundos levantar el sillón y encontrar al "Indio". Instantes después el "Chino" salía de su escondite rascándose por todo el cuerpo.
- Pero mirá a quiénes tenemos aquí. - Exclamó el policía. - ¡Nada menos que el "Indio" y el "Chino"!... ¿Qué estaban haciendo muchachos?, ¿limpiando los muebles?. -Bromeó.
Hernán no salía de su asombro. ¡De la que se había salvado!. De no haberse encontrado de casualidad con Juan, ahora sería seguramente rehén de los malvivientes.
Unos minutos después, llegaba la patrulla para llevar detenidos a los ladrones. Ambos estaban ya esposados, y caminaban guiados por un policía hacia el auto. Al pasar junto a Hernán, el "Chino" lo miró, y con una sonrisa poco alegre le dijo:
- Flaco, hacele caso al cana este. Vos te quejás de lleno. ¡Sos el tipo más suertudo que conozco!. Hace dos meses que vengo planeando esto. ¡Se suponía que no venías hasta la noche!. Y encima caés con un cana. ¡Mejor dedicate a jugar al Loto!. ¡Seguro que te llenás de plata!.
Y diciendo esto, agachó la cabeza para entrar en el auto.
Hernán había quedado muy impresionado por lo que había sucedido, y decidi tomar otras precauciones de ahora en más. Tuvo mucho más cuidado al salir de su casa, y estaba siempre alerta antes de volver. Poco después tuvo la
suerte de que lo ascendieran en su trabajo. Con un mejor sueldo, su mujer ya no necesitaba trabajar, así que el encargue de un hijo no se hizo esperar. ¡Y la panza de Mónica tampoco!.
Pero hubo algo, más allá del frustrado asalto que pareció colaborar para cambiar el rumbo de la vida de Hernán. Al día siguiente del incidente, se dirigió a su trabajo como todos los días, pero a la vuelta, luego de pasar por la comisaría a saludar a Juan y atestiguar por lo del asalto, pasó por la agencia y le jugó al 79 (los ladrones) y al 279 (porque eran dos), por diez pesos a cada uno. ¡Y esta fue la primera vez en la vida que Hernán acertó a la quiniela!. ¡Y nada menos que tres cifras!.
Y ya saben Notis, Hernán era una persona de mucha suerte, pero todavía en la vida no se le había presentado la oportunidad de probarse a sí mismo que así era.
Pero llegó un día en el que su mejor amuleto fue el no saber que tenía tanta suerte. Yo por las dudas me voy a jugar el 279 y con lo que gane me compro una alarma no sea descuide a mi buena suerte y me la roben!
¡Hasta la próxima, Notis! Si te gustó la historia dale ME GUSTÓ, porque si no le das no acertás. Hasta la próxima historia Notis!. 21 (Hernan) - 32 (El dinero) - 50 (Mónica) - 73 (Amigos) - 14 (Las ronchas) - 08 (El arma) ¡A personas de muy buen gusto les gustó la historia! Hay personas que parece que esta historia no les gustó ... Todos los derechos de la presente publicación, denominada "Historias Cabuleras", están reservados. Cualquier reproducción total o parcial de esta página o de su contenido resultará en una infracción a los mismos, y originará las correspondientes acciones legales.
Asimismo, Notitimba (®) Punto Com no se responsabiliza por el contenido de la misma.
Usá tu pin de la suerte.
![]() NÚMERO: 15 (No falla, Notis)
24692585 10 88 22 96
397785870
34 Historias cabuleras es un compendio de: Cábalas, amuletos, la suerte en el juego, historias reales, buena y mala suerte, trucos para ganar, alejar a la yeta, cómo ganar a la quiniela, cómo perder en todo y mucho más. Las historias publicadas no son verídicas, cualquier coincidencia con la realidad es pura ... suerte …Si tenés alguna cábala y querés que la contemos mandá tu email a: cabalas@notitimba.com. Podés agregar imágenes o fotos. Se mantendrá tu anonimato si es que así lo querés. |
|