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Lunes 26 de Mayo de 2014. - HISTORIA Nº 36 (Edición mensual)
“El sistema”

Hola Notis, ¿Alguna vez quisieron tener la fórmula mágica para acertar a la quiniela? Seguro que sí. Sin embargo, aunque ustedes no lo crean, hay muchísimos "genios" que conocen el secreto, como el protagonista de la historia que sigue.



El negocio hubiera sido redondo. No había forma de que fallara. Todo tenía que resultar bien, y ganaríamos una fortuna. Por lo menos eso decía mi socio.

Invertí todo lo que tenía, vendí hasta los electrodomésticos para juntar el dinero, y me endeudé de mil maneras. Por eso, tal como era previsible, la cosa no resultó.

Mi situación económica era extrema. Tenía que pagar mis deudas (exactamente 35.450 pesos), y no tenía el dinero, entonces se me ocurrió jugar a la quiniela para ver si (agarrando cuatro cifras), lograba por este medio recuperar algo que me ayude a pagar.

Pero el azar no me era favorable. En muy poco tiempo, perdí bastante dinero.

Desesperado, comencé a buscar en internet alguna manera de ganarle al azar. Me parecía improbable, pero no perdía nada con investigar un poco.

A los pocos minutos, estaba sorprendido de la cantidad de personas que se habían hecho millonarias gracias a los juegos de azar. ¡Y muchos de ellos, gentilmente, compartían sus métodos para ganar!

Se llamaban "sistemas", y había montones. Todos decían tener algún método matemático, estadístico (o ambos), para lograr saber con una pasmosa exactitud cuáles serían los próximos números favorecidos. Por supuesto que no eran regalados. Los que brindaban estos "sistemas", solían decir que los vendían, porque si los regalaran la cosa se haría masiva, y el negocio se acabaría para todos. Por otro lado, si les preguntaban por qué compartían su método, en lugar de utilizarlo ellos mismos, siempre respondían: "Nosotros ya lo hemos aprovechado, ¿Por qué no compartirlo?"

Convencido entonces, compré el que me pareció más confiable. Al poco tiempo noté su ineficacia, pero el vendedor me dijo que seguramente era porque yo estaba "ejecutando incorrectamente el código". Las explicaciones que le pedí entonces de cómo "ejecutar el código correctamente", superaban mis conocimientos (y mi escaso tiempo), así que finalmente abandoné el intento, seguro de que me habían estafado, pero sin poder hacer nada al respecto.

Entonces, una chispa de entendimiento se encendió en mi cabeza: "Esto de los sistemas, sólo es negocio para el vendedor", concluí, en una demostración categórica y extraordinaria de mi capacidad deductiva. Entonces, poseído por un soberbio ataque de inspiración me dije: "Yo lo que tengo que hacer es inventar un sistema y venderlo".

Así fue que, no sin esfuerzo, logré confeccionar un programita que tiraba números al azar, de a pares. Eso era lo menos importante. Lo más sustancial era la publicidad. La cosa era captar a todos los que estuvieran desesperados como estaba yo, y hacerles creer que ganarán, pero cuando pierdan, decirles que emplearon mal el método de "adivinación".

Fue fácil crear un blog donde se vieran reflejados los supuestos éxitos de mi sistema. Descubrí que tenía facilidad para inventar historias y personas ficticias, que hablaran maravillas de cómo se habían llenado de plata con mi método. Luego algunos retoques de marketing por aquí, y por allá. ¡Listo, plantada la carnada!

No tuve que esperar mucho antes de que apareciera mi primer "cliente". El tipo decía que nunca había jugado a ningún juego de azar, pero si lo hacía, quería tener la seguridad de acertar. Le afirmé que con mi método (bien empleado, por supuesto), tenía todas las chances de ganar mucho dinero. Él me preguntó (todo por email), cómo era posible que yo no hubiera utilizado mi propio sistema para ganar dinero, en lugar de venderlo. Entonces apelé a la lógica de mis predecesores: "Yo ya lo he aprovechado, ¿por qué no compartirlo?"

Finalmente logré mi primera venta. Él me envió el dinero por depósito bancario, y yo le envié el programa y las instrucciones por email. Claro que mi email era falso. Tenía que cubrirme porque sin dudas el sistema estaba destinado a fallar. A la larga o a la corta, cualquier sistema que intente predecir el azar, fallará. Igualmente yo tenía esperanzas de lograr reunir unos buenos pesos, antes de que mis "clientes" se cansaran de perder, y comiencen a reclamar. Entonces, debería cambiar de email, llamar al sistema de otra manera, y publicarlo en otro sitio, para empezar de nuevo.

Yo sabía que lo que hacía era una especie de estafa, y lo cierto es que en mi fuero interno me sentía mal por engañar de esa manera a la gente. Pero necesitaba ese dinero. No encontraba otra forma de poder cubrir mi deuda, que cada vez crecía más. No obstante, me justificaba pensando que en realidad me estaba aprovechando de la avaricia de otros. Como los "cuentos del tío", era simplemente una bonita presentación, para que la "víctima" me diera su dinero.

Pasaron dos semanas completas, y recién entonces recibí un email de mi cliente. Lo que me sorprendió fue el contenido:

"Querido amigo: te escribo estas líneas sólo para agradecerte por haberme vendido este sistema que tan maravillosamente funciona. En estas dos semanas, he recuperado lo que invertí en el mismo, así que desde ahora todo será pura ganancia. Te tendré al tanto de mis progresos. Eres realmente una muy buena persona al compartir esto. No cualquiera lo haría. ¡Gracias!".

El mensaje me dejó sorprendido. ¡Qué suerte la de este tipo!. Por lo menos ya no me sentía tan culpable, al saber que había recuperado su dinero. Fue ganancia para los dos entonces. Por desgracia para mí, nadie más solicitó mi sistema en ese tiempo, y yo esperaba venderlo algunas veces más. Al menos la buena fortuna de mi primer cliente me daba más tiempo.

A la semana siguiente recibí otro correo:

"Querido amigo: Como prometí, te escribo para contarte sobre mis progresos. ¡Este sistema es una maravilla!. Ya he logrado lo suficiente como para comprarme mi primer auto. No será un cero kilómetro, pero yo nunca he tenido uno antes. ¡Gracias de nuevo!"

Ya comenzaba a ser asombroso. ¿Sería que de casualidad mi sistema había funcionado?. ¿Y si sin querer había dado con la fórmula que permite predecir el azar?. En ese caso hubiera sido un tonto en venderla.

Y los mensajes de agradecimiento se sucedían:

"Querido amigo: Ya he logrado comprarme mi primer departamento. Y de paso cambié el auto por uno más nuevo. No sé cómo agradecer tu enorme generosidad. Me has cambiado la vida".

Más adelante, me enteraría de que mi cliente había realizado un crucero por el Caribe, se había comprado un semipiso en Puerto Madero, había fundado una empresa, y luego había utilizado con éxito mi sistema también para operaciones de bolsa, lo que le reportó aún más ganancias. En su último correo, decía que deseaba encontrarse conmigo, para entregarme algo en agradecimiento por haberle cambiado la vida.

Yo no podía creer que el tipo tuviera tanta suerte. Pero lo que me ilusionaba es que él quisiera darme algo. De seguro se trataría de dinero.

Quedamos en encontrarnos en el muelle. Pensé que él vendría en su yate privado. ¡A lo mejor me lleva a dar una vuelta!

Había un poco de viento junto al río. Varios veleros y yates anclados allí, veían como sus velas se hinchaban, con la pretensión de arrastrar las embarcaciones, firmemente sujetas al muelle.

Sentado en uno de los bancos frente al agua, miraba atentamente en todas direcciones, esperando ver llegar a mi cliente, que en ese momento se convertiría en mi "benefactor".

Al poco rato, estacionó a pocos metros de mí un Maserati Cabriolet de color gris plata. Me sorprendí cuando de él vi descender a un anciano. Su cabello era totalmente cano, y llevaba un abrigo oscuro y un bastón.

Con una sonrisa se acercó a mí, y me saludó con un gran abrazo:

-¡Amigo mío!. ¡Qué gusto que hayas venido!. Te he traído un regalo.

Yo estaba mudo y sorprendido. Jamás me hubiera imaginado que se trataba de un frágil anciano, y me sentí muy mal por haber intentado estafarlo. Además, creí por un momento que no vendría nadie a mi encuentro, o que todo era sólo una broma, o alguna especie de engaño como el que yo había inventado.

-El gusto es mío. -Alcancé a articular torpemente.

-Escucha: no tengo mucho tiempo, porque debo atender asuntos muy importantes. Te daré un sobre. Ya sabrás lo que contiene.

Y sin darme tiempo a replicar, el viejo me extendió un sobre de papel madera, para luego darse la vuelta e irse caminando parsimoniosamente sin siquiera decir adiós.

Cuando tomé el sobre entre mis manos, lo primero que hice, con cierta impaciencia, fue abrirlo, y me encontré con un papel en su interior. Era una nota que decía:

"Querido amigo: Como bien sabes, tu «sistema» jamás funcionó, y se trata solamente de un programa que genera números al azar. No te preocupes, yo siempre lo supe también. Sin embargo, supongo que te ha sorprendido mi éxito. En verdad, lo que sucede es que yo he tenido confianza en ti. Sé que eres una buena persona, y que seguramente las circunstancias desesperadas te llevaron a intentar algo que sabes no era correcto, sin embargo yo creo en ti, y estoy seguro de que teniendo la oportunidad, no volverás a caer en algo tan bajo. Si de verdad te has arrepentido, mira dentro del sobre"

Con lágrimas asomando a mis ojos, di vuelta el sobre, y cayeron unas llaves.

"Son las llaves del auto. Quédatelo. Es tu regalo. Estoy seguro de que vale más de 35.450 pesos."

Asombrado, me pregunté cómo podía saber el anciano la suma exacta de dinero que yo debía. Entonces levanté la vista, y lo busqué con la mirada. En ese momento, se encontraba a unos veinte metros adelante, alejándose lentamente con su bastón, mientras con suma tranquilidad caminaba sobre el agua, mirando hacia el horizonte.



Y ya ven Notis. A menudo, sin darnos cuenta nos equivocamos y por desesperación somos capaces de hacer cosas de las que podemos arrepentirnos. Afortunadamente a veces encontramos algún "ángel" que nos vuelve a encarrilar.

De lo que seguramente nunca se arrepentirán, es de seguir mis números. ¡Esos sí que son infalibles!

¡Hasta la próxima, Notis!




Si te gustó la historia dale ME GUSTÓ, porque si no le das no acertás.

Hasta la próxima historia Notis!.


39 (Ángel) - 32 (El dinero) - 91 (Internet) - 55 (Negocio) - 12 (Regalo) - 51 (Papel)

¡A personas de muy buen gusto les gustó la historia!
Hay personas que parece que esta historia no les gustó ...
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¡Es hora de tener suerte con tu nuevo reloj de pared!

NÚMERO: 66 (No falla, Notis)
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Historias cabuleras es un compendio de: Cábalas, amuletos, la suerte en el juego, historias reales, buena y mala suerte, trucos para ganar, alejar a la yeta, cómo ganar a la quiniela, cómo perder en todo y mucho más.
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